martes, 25 de junio de 2019

El último barco - Domingo Villar

Cuando vi en las librerías la tercera novela que Domingo Villar había publicado sentí una enorme satisfacción, pues la estaba esperando, como todos los que seguimos su trayectoria, desde hacía mucho tiempo.  Y, no os imagináis la ilusión que me hizo cuando las jefas de #Soy Yincanera, iniciativa en la que participo, nos comunicaron que iban a hacer una lectura simultánea a la que inmediatamente me apunté, con una alegría inmensa.








Título: El último barco
 Autor: Domingo Villar
 Páginas: 712
 Editorial: Siruela
 Encuadernación: Rústica con solapas
 ISBN: 978-84-17624-27-9
 Año de edición: 2019





UN NUEVO CASO PARA EL INSPECTOR LEO CALDAS.
La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo.
Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.
Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.
 «Domingo Villar aparece vinculado a uno de los fenómenos editoriales más destacados de estos últimos años... Pero ¿cuál es su secreto? Sin duda la creación de un mundo propio dentro de la novela negra; un mundo con su tiempo y espacio determinados, laberintos y misterios, que provoca en el lector que lo descubre el placer por habitarlo. Es como degustar el aroma de un vino nuevo fermentado en la bodega de la mejor literatura de intriga».
(facilitada por la editorial)



Domingo Villar (Vigo, 1971) inauguró con Ojos de agua la exitosa serie protagonizada por el inspector Leo Caldas. El segundo título, La playa de los ahogados, además de ser adaptado al cine, supuso su consagración en el panorama internacional de la novela policiaca, obteniendo excelentes críticas y ventas. La serie ha sido traducida a más de 15 idiomas y ha cosechado un gran número de premios. Con solo dos libros en su haber ha conseguido afianzarse como uno de nuestros autores de novela negra más destacados y valorados, tanto a nivel nacional como internacional. Y lo más importante, lo ha hecho creando un universo narrativo tan propio y singular que ha conquistado de manera unánime a público y crítica. Desde los lluviosos escenarios gallegos y con unos personajes profundamente arraigados a la tierra y la cultura local, sus intrigas policiales atrapan al lector desde las primeras páginas. Ahora, tras diez años de silencio, el inspector Leo Caldas regresa a escena con un nuevo caso que parece complicarse desde el primer momento. Y otra vez vuelve a hacerlo: con El último barco Domingo Villar se perfila en el horizonte literario como la gran apuesta de la novela negra española. Inteligencia, atinado sarcasmo y solvencia narrativa se alían nuevamente con la complicidad y profunda empatía que rezuman unos personajes tocados por la mano de un maestro.

 (Datos facilitados por la editorial)



Aunque es una novela coral, cabe destacar entre los protagonistas a Leo Caldas, un personaje que ya conocemos de las dos novelas anteriores. Leo es inspector de policía. Nacido en Vigo (Pontevedra) lugar en el que vive y ejerce su profesión. Es un hombre racional, concienzudo y muy profesional, de los que se vuelcan en su trabajo y no deja ningún cabo suelto. Además, colabora en un programa radiofónico local, actividad que, por su carácter introvertido no le hace ninguna gracia, pero es una imposición de su jefe, el Comisario Soto, y no tiene más remedio que aceptarlo. También es bastante melancólico, tuvo una relación de pareja y su recuerdo es una constante. Su punto débil es su padre, un jubilado jubiloso que tiene una bodega y que intenta vivir y disfrutar lo mejor que su naturaleza le permite.
Otro de los personajes que ya conocemos de las anteriores entregas es el ayudante de Leo, el agente Rafael Estévez.  Estévez es un zaragozano de mucho carácter, casi podríamos decir que “incontrolable”, lo que unido a que es un tipo de complexión fuerte, va apabullando al personal. Parece que el carácter de Estévez se ha moderado con el tiempo y en esta entrega se nos muestra algo más reflexivo, aunque me queda la duda de si es producto de su próxima paternidad o de que anda algo fastidiado de la espalda, no lo sé bien… porque es un aragonés de tronío. 
Entre los nuevos personajes que nos encontramos en esta novela está Víctor Andrade, un eminente y conocido cirujano local, al que el Comisario Soto, jefe de Caldas le debe un “favor” y éste se lo cobra sin miramientos, permitiéndose el lujo de campar a sus anchas en la investigación. El carácter de Víctor Andrade no tendría nada de particular, pero resulta que es el padre de Mónica Andrade, que ha desaparecido y él está seguro de que algo malo le ha ocurrido. 
Mónica Andrade, tiene 33 años. Es una mujer peculiar, en su forma de vestir y en su modo de enfocar la vida.  Aunque podría vivir sin trabajar, ya que por su situación económica se lo podría permitir, trabaja como profesora de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo. No se le conoce ninguna relación sentimental y su desaparición es sospechosa.


Uno de los protagonistas que me ha tocado el corazón es Camilo, un vecino de Mónica.  Camilo, que tiene uno de esos trastornos neurobiológicos, tipo síndrome de Asperger o similar y, pese a esa discapacidad, mantiene con ella una relación de amistad que ni el padre ni las amigas de Mónica entienden y al que, por ello, intentan implicar en su desaparición. 



Camilo tiene una gran habilidad y es que es capaz de dibujar tan detalladamente que sus dibujos parecen fotografías.
En la novela hay otros muchos personajes, muy bien dibujados como Ramón Casal, maestro de luthería antigua o Miguel Vázquez, titular del taller de cerámica en el que Mónica trabaja, que nos instruyen sobre profesiones relacionadas con la confección de instrumentos musicales y la creación de objetos de cerámica de una forma muy interesante.

Nos encontramos en la ría de Vigo, la más meridional de las Rías Bajas de Galicia, situada al sur de la provincia de Pontevedra, en un entorno privilegiado por su belleza y, teniendo en cuenta su situación geográfica, su bondad climatológica.  



En una ribera está Vigo, el municipio más poblado de Galicia, -según el INE, en el 2018 estaban empadronados 293.642 habitantes-, mientras que la otra ribera está poblada de pequeños municipios, y entre ellos la parroquia de Tirán, lugar en el que habita Mónica Andrade, en una pequeña casa pintada de azul.



En este tranquilo entorno rural, las mariscadoras rastrillan la arena, o cultivan sus tierras, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes quieren o necesitan ir a Vigo, toman el barco que une, cada media hora, ambas riberas.

La novela está estructurada en 151 cortos capítulos, sin numerar. Estos capítulos están encabezados por palabras polisémicas como si fuesen definiciones buscadas ex profeso en el diccionario y, como indica el propio autor, “unas están tomadas de manera literal del de la Real Academia Española, del diccionario ideológico de Julio Casares o del María Moliner y muchas otras, en cambio están creadas por mí, para un mejor encaje en la historia” Este recurso también lo utilizó en sus dos primeras novelas y tengo que decir que es uno más de los atractivos de su lectura.
Y otro de los recursos que más me ha impresionado es la fidelidad con la que refleja el carácter y el temperamento de los gallegos, con una naturalidad propia de quien los conoce bien, sin menospreciarlos y siempre poniendo en valor sus cualidades y su sentido común y también, como no, el del humor.




Este libro, como también el propio autor explica fue tejido y destejido varias veces. No puedo imaginarme como sería el original, pero sin lugar a dudas tengo muy claro como es el resultado final: una novela policíaca de corte clásico, inteligente, perfecta en su ejecución y con un final que es el broche de oro a una trama absolutamente verosímil. El estilo es único, porque la prosa de Domingo Villar es como él, reposada e ingeniosa y el resultado, lógicamente, es de nota.

Esta reseña participa en la iniciativa:




jueves, 13 de junio de 2019

Madera de Savia azul - José Luis Gil Soto


Cuando la iniciativa #SoyYincanera, en la que participo, propuso la lectura de esta novela, aplaudí hasta con las orejas, porque hacía tiempo que me atraía y siempre estaba en el escaparate de mi librería preferida.



Llegó un momento en que pensé que me la tendría que comprar, convencida por las críticas que había oído sobre ella, así que es fácil imaginarse la alegría que me entró cuando vi que íbamos a hacer una Lectura Simultánea.



Título: Madera de savia azul
Autor: José Luis Gil Soto
Número de páginas: 636
Editorial: S.A. EDICIONES B
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 978-84-666-6535-3
Año de edición: 2019


El destino de un niño.
Erik tiene apenas cuatro años cuando pierde a su madre en el gran terremoto que destruye Waliria, la capital de Ariok. Su padre, el carpintero Bertrand de Lis, y Astrid, la humilde viuda de un herrero, no pueden imaginar que la catástrofe no solo cambiará sus vidas para siempre, sino que, sin quererlo, les hará dueños de secretos que nunca hubieran querido tener que guardar.

El viaje hacia un reino de leyenda.
Tras el desastre, y alentado por una profecía, el rey decide emprender con su pueblo un peligroso viaje hasta tierras del sur. Una gran caravana se pone en marcha. La esperanza, el miedo y la ambición viajan con ellos.

La búsqueda de un padre.
A Bertrand solo le queda su hijo, y su única preocupación es cuidarle, pero un hecho inesperado cambia el rumbo de sus vidas. Así, quien era solo un hombre bueno y sencillo, se convertirá en protagonista de una aventura épica, impulsada por el profundo amor a su hijo y su deseo de volver a reunirse con él.

Una gran novela, que nos traslada hasta un mundo medieval legendario para mostrarnos las grandes pasiones que, desde el principio de los tiempos, mueven al ser humano.


José Luis Gil Soto (Badajoz, 1972) es ingeniero agrónomo, estudiante de Humanidades y novelista. Autor de numerosos guiones literarios y publicitarios, es autor de las novelas La traición del rey (2008), La colina de las piedras blancas (2010) y La dama de Saigón (2014). Aficionado a la historia, estas obras recrean episodios del pasado de España. Ahora, con Madera de savia azul, deja a un lado el género histórico para ofrecernos una novela en la que cada lector encontrará personajes, dilemas y conflictos con los que conectará profundamente. Una gran historia como las de antes, de la que no querrás salir nunca y cuyo emocionante final dejará una huella imborrable en tu memoria.

Si hay algo que queda claro, casi desde el principio, es que “Madera de savia azul” es una novela coral, en donde los protagonistas, aunque no se puede decir que sean innumerables, si son bastante numerosos. 

Si tuviese que empezar a mencionarlos, tiraría de jerarquía, aunque eso no lleve implícita su importancia en historia. Así que, elegido este sistema, no me queda otra que hablar de Magmalión I, el todopoderoso Rey de Ariok, un hombre justo que nunca se ha manchado las manos de sangre y que intenta siempre hacer lo mejor por su reino, ya se trate de nobles o vasallos.

También es una gran protagonista la princesa Shebaszka, sobrina y heredera de Magmalión y su única familia. Quedó viuda muy joven y de su corta relación tuvo un hijo, al que adora. Y es que a pesar del tiempo transcurrido desde la muerte de Emory, su marido,  Shebaszka aún no ha superado su pérdida y solo le consuela la presencia de Willem, su hijo.


A pesar de que la historia se ambienta en el medievo, Magmalión no es precisamente un monarca totalitario, por lo que se ha rodeado de un Consejo Real entre los que considera los mejores hombres del reino (otra cosa es que lo sean) y fieles servidores al estado. Las decisiones se suelen tomar, la mayoría de las veces, por unanimidad.

El gabinete lo componen: Gabiok de Rogdom, el mayordomo de palacio, al que más tarde se unirá Barthazar, su hijo; El Conde Roger de Lorbie, jefe de la guardia personal y general de todos sus ejércitos, entre otros muchos títulos o  la Gran Aya, una enigmática mujer de la que pocos conocen su verdadero nombre, Hildegarda de Boik.


La Gran Aya goza de total confianza por parte del rey y de la princesa y su lealtad está más que probada, por lo que sus opiniones son siempre tomadas en cuenta y respetadas por todos los miembros. 

Quizás con el que menos me he sentido atraída ha sido con el Sacerdote, claro que su función, la más de las veces, es puramente decorativa. No obstante, el elenco de personajes está muy bien definidos y el autor ha sabido dotarlos de una personalidad propia que nos hace empatizar con unos, llegar a aborrecer a otros y enamorarnos de algunos de ellos.

Pero sin duda alguna, en mi opinión, los principales protagonistas de esta novela son:

- Bertrand de Lis. Un maestro carpintero que vivía feliz con su mujer y su hijo Erik, de cuatro años en Waliria, la capital de Ariok, hasta que el terremoto sembró el terror y la muerte. A resultas del terrible suceso perdió a su mujer, pero pudo salvar la vida de su hijo, aunque quedó traumatizado por la pérdida de su madre y perdió el habla. Por mandato real, todos los supervivientes de la catástrofe, incluidos Bertrand y Erik se ven obligados a emprender, inmediatamente, un éxodo hacia las tierras del sur del reino de Ariok. Un misterioso lugar que nadie conoce.

- Astrid, casada con un herrero, a consecuencia del terremoto pierde no solo a su marido, sino a la hija de ambos. Durante el periplo hacía las tierras del sur, coincide un tiempo con Bertrand y el pequeño, a quienes conocía anteriormente pues ambas familias vivían en el barrio de los artesanos, pero enseguida el destino los separa.  Astrid, una mujer joven de apenas 33 años y muy hermosa, sin ella quererlo, se convertirá en la poseedora de un gran secreto que marcará su existencia y su vida se girará en torno a él, sin que pueda hacer nada para evitarlo.

El Gran reino de Ariok y su capital Waliria, lugar en el que estaba instalada la corte Real. Waliria podía considerarse una ciudad en toda regla. Allí se alzaba el Gran Palacio donde vivía Magmalión su rey.

Tras el gran terremoto los habitantes que sobrevivieron se ven obligados a abandonar la ciudad, para nunca más regresar, y parten en busca de las tierras del sur.


Los ariokíes dejan allí sus muertos y todas sus pertenencias, solo pudieron acarrer lo que llevaban puesto y sus recuerdos.



Un peregrinaje durísimo en el que muchos de ellos pierden la vida en trágicas circunstancias.

Al recibir la novela me sorprendió positivamente su aspecto, tapa dura con sobrecubierta; una portada muy conseguida, que trasluce claramente su trama, y que resulta, visualmente, muy atractiva.


La novela está estructurada en cinco partes, más una pequeña introducción y un epílogo. Está relatada por un narrador omnisciente y, a pesar de los saltos temporales que nos vamos encontrando (tras una narración que trascurre durante el tiempo que dura el viaje hasta que los ariokíes consiguen llegar a Nueva Waliria y que contempla además los primeros veinte años en la nueva ciudad) en ningún momento se pierde la conexión.

Nada más abrir el libro, en una pequeña introducción en la que se recoge una conversación entre Ishalmha y su aya encontramos la esencia de la novela; una narración que no dejará indiferente a nadie, una historia bien contada, con una prosa exquisita, bien estructurada, con unos personajes potentes que despiertan pasiones… una trama desarrollada con esmero, como un encaje de bolillos, en la que nada sobra y todo está en su lugar, una historia que engancha de principio a fin, una historia que, a poco que disfrutes con la lectura, no deberías dejar de leer.